Viajar es la manera más inteligente de huir

Conocer otro lugar rompe la monotonía, visitar otro espacio diferente al que vives permite descubrir nuevos panoramas, estilos de vida, personas, culturas y experiencias. Viajar es divertido, todos quieren, aunque algunos les gusta más, pero también requiere de planeación, tiempo y, por supuesto, dinero.

Independientemente de la satisfacción que causa acudir a diversos territorios, estados o países, lo más importante es que aporta un bienestar al alma, libera al cuerpo y a la mente, teje relaciones de convivencia, brinda conocimiento y ofrece una perspectiva más amplia y moderna del mundo.

Sin embargo ¿Cuántas veces uno no se ha sentido agobiado por el trajín cotidiano, por los golpes comunes e insólitos de la vida, por la premura del tiempo y la amenaza consciente de que en cualquier momento puede ocurrir tu deceso? Aparecen muchos planteamientos y situaciones que aumentan el miedo, de morir, de no lograr tus objetivos, de caer al precipicio y no volver jamás.

Por otro lado, la depresión, estrés, callejones sin salida, son motivos suficientes para sentirse desesperado y atrapado en la cárcel que uno misma crea, sin darse cuenta, el individuo se somete a las demandas de su furia, de su inestabilidad emocional, de sus vicios, fobias, caprichos, pereza, del consumismo y de otras tantas prisiones que engendran el suicidio, locura, errores, muertes, aunque también puede generar arte, de ahí nacen esas mentes artísticas.

En ocasiones, las personas emprenden escapatorias denigrantes, dañinas para la salud, o que no aportan algo positivo a la vida, es por ello que si nos ponemos a analizar con detenimiento VIAJAR SÍ ES UNA MANERA INTELIGENTE DE HUIR CUANDO UNO ESTÁ HARTO DE TODO, pero en parte puede curar al alma, es un acto que requiere valentía y aprendizaje.

El turismo tiene sus altibajos, la gente conoce más otros territorios en temporadas vacacionales, aunque esté mas saturado, pero es cuando tiene tiempo. Pero hay que saber que un viaje se aprovecha y vale la pena cuando no se hace por presumir, cuando se retorna al lugar de origen y uno dice “ya regresé a la normalidad” , es verdad uno vuelve a sus actividades rutinarias, pero en el interior ya se posee un conocimiento nuevo y profundo, tal vez de un paisaje, una anécdota o incluso una enseñanza de lo que no se debe hacer.

El viaje es como un libro, si lo acabas y lo olvidas entonces es como si nunca lo hubieras leído, pero eso sí se puede releer ese libro que te gustó tanto, o bien, se puede regresar a ese lugar que te gustó tanto.

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