La historia de los museos

A lo largo de la historia de la humanidad, han ocurrido distintos acontecimientos que han marcado nuestros pasos, sucesos históricos, artísticos e incluso científicos, que nos muestran un antes y un después, un cambio en la sociedad, ya sea bueno o malo.

Dichos momentos los podemos ver reflejados en la actualidad, en el gobierno o simplemente en la sociedad en la que vivimos, pero si deseamos verlo de una manera más tangible, precisa y clara, tan solo basta con ir a los museos; si bien, según la Ley de Patrimonio Histórico Español, los museos son “instituciones de carácter permanente que adquieren, conservan, investigan, comunican y exhiben para fines de estudio, educación y contemplación conjuntos y colecciones de valor histórico, artístico, científico y técnico o de cualquier otra naturaleza cultural.” (Carreton, 2015, pp.5)

Fue entonces, cuando apartir del siglo XIX, se comenzaron a expandir los museos en ciudades como Viena, Munich, Praga, Florencia, Vaticano, Nueva York, Las Palmas, entre otros; museos que actualmente siguen abiertos al público.

Pero realmente cuales fueron las causas de que se abrieran estos sitios; si bien, distintos acontecimientos lo influyeron, tales como “la revolución francesa, que hizo que surgieran patrimonios de bienes reales, la exclaustración de los religiosos y de los bienes eclesiásticos en España, que ocasionaron un abandono del patrimonio, dejándolo en malas condiciones abandonados en edificios, lo cual exigió que necesitasen un sitio seguro en el cual permanecer; además los descubrimientos arqueológicos de imperios como Egipto, Mesopotamia, Roma, Grecia, influyeron en la apertura de más y más museos, pues estos hallazgos merecían ser vistos y admirados por el público. Otra etapa importante, fue el romanticismo, el cual trajo como consecuencia, la incorporación de arte medieval, o que decir del colonialismo en Asia, África y Australia, lo que motivo cierto interés por la antropología y por rebuscar información valiosa sobre sus distintas culturas.” (Fernández, 1996, pp. 4-8)

Estos fueron los principales hechos que lograron la expansión de los museos, gracias a la recolección y conservación de objetos valiosos, pues aunque tuvieron un origen principalmente en Europa, actualmente los podemos encontrar en todos los continentes, y en numerosos países, pues cada uno de ellos, cuenta una historia que merecen estar al alcance de la sociedad.

Estos sitios, tienen un objetivo en la sociedad, el cual es educar, tanto a los niños, como a los jóvenes y adultos, y su obligación de estos, es darles toda una experiencia en los visitantes, logrando una interacción entre el público y las obras expuestas, pues dependiendo de cada museo, las personas pueden oír, tocar, ver o sentir los objetos, dejándoles así, un impacto si no en su vida, al menos en su mente. El propósito de cada uno de ellos, es lograr la atención del público, y para ello necesitan de una previa planificación educativa, que incluyan actividades, exposiciones, itinerarios, recursos, entre otros. Estos dependerán del público al que este dirigido, pues si es un museo para infantes, deberán ser más interactivos y atractivamente visuales, para captar la atención de los niños y poder dejar un aprendizaje en ellos, pues en el caso de los museos dirigidos a adultos, podrían optar por ser menos interactivos y más informativos, pues este publico estará interesado en leer y observar detalladamente distintas obras, en un ambiente tranquilo y relajante.

Es responsabilidad de las instituciones, inculcar la cultura en los niños y adolescentes, ya que su deber es educarlos y enseñarles la historia de su país y del mundo, aunque lograr que los niños realmente disfruten su pasantía en un museo, es todo un reto para los docentes y guías del mismo, ya que deben lograr un “equilibrio entre el aprendizaje y entretenimiento”, según el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.  Pero la mayor amenaza en estos casos, es la rápida pérdida de atención de los alumnos, pues les resulta tedioso estar leyendo información saturada o tener cero interacción con los objetos, pero afortunadamente, actualmente contamos con herramientas que facilitan y pueden motivar el interés del público, tal es el caso de las herramientas digitales, las cuales se pueden usar con pantallas que muestren videos en tercera dimensión, juegos relacionados con el tema visto, audífonos que permitan escuchar información personalizada a cada persona, entre otras; pero no forzosamente tiene que ser con la tecnología, estos sitios pueden jugar con las emociones del publico causando sorpresa y despertando su curiosidad por saber más y más del tema, incluso logrando que su aprendizaje no termine al salir del museo, sino más bien, comenzar una consciencia cultural, que los haga leer más, escribir, o investigar y descubrir acerca de temas o exposiciones que hayan sido de su interés. 

Afortunadamente tenemos las soluciones, y el cambio debe comenzar por uno mismo, pero el gobierno tiene la obligación de darnos los espacios adecuados para la observación y aprendizaje, así como impartir en las escuelas, la cultura en los niños, pues será más fácil que desde pequeños crezcan con esta idea, que lograr cambiar los intereses o manera de pensar de un adulto o anciano. 

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